Lo que me mola de haber adoptado el poner texto alternativo a las imágenes como norma de etiqueta desde que frecuento el fediverso es que me hace ser mucho más consciente de *para qué* quiero subir una imagen.
Las imágenes pesan mucho más que el texto. Internet se ha plagado de ellas en buena medida por el abaratamiento del coste económico de alojar y procesar información. Eso no significa que el peso de las imágenes (o el espacio que ocupan), en términos absolutos, sea menor. De hecho, según hemos pasado todos a llevar en el bolsillo un aparato capaz de sacar imágenes de no sé cuántas decenas de megapÃxeles, cada imagen pesa cada vez más.
En las redes mainstream, estrictamente basadas en la economÃa de la atención, acompañar de imágenes cada post es un imperativo: una forma de captar y retener la atención. Pero asà se llega a situaciones absurdas como textos enteros en Instagram escritos en imagen (en las historias) en vez del texto en sÃ. Esas imágenes pesan más y hacen menos accesible el mensaje que contienen que un simple post de texto escrito. También saturan más la atención.
También, en Mastodon siento menos incentivos para postear imágenes como forma de “ahorrar tiempo“. Por ejemplo, no me va a ahorrar tiempo publicar una foto de un cartel con la hora y descripción de un evento que he visto por ahÃ, o con la portada de un libro del que voy a hablar, frente a simplemente escribirlo porque tendré que redactar su ALT igualmente. Eso me hace preguntarme: ¿para qué quiero subir la imagen? ¿Qué valor le aporta a lo que estoy escribiendo?